El reciente estreno de la película Midway, dirigida por Roland Emmerich, vuelve a poner de actualidad la batalla aeronaval que supuso el punto de inflexión en la guerra del Pacífico. En la batalla del Mar del Coral, librada del 7 al 8 de mayo de 1942, los japoneses, aun alzándose con una victoria por la mínima, verían frustradas sus intenciones de rematar el poderío norteamericano. Isoroku Yamamoto, el cerebro que había planeado el ataque a Pearl Harbor, comprendió que, a partir de ese momento, el tiempo corría dramáticamente en su contra. Teniendo en cuenta el formidable potencial industrial de su enemigo, era un suicidio sostener una guerra de desgaste en la que, tarde o temprano, se acabaría imponiendo el coloso norteamericano.

La única solución era plantear una batalla definitiva, un duelo decisivo por el control del Pacífico, en un momento en que la Marina nipona aún era superior. El lugar elegido para ese choque sería Midway, un pequeño y solitario atolón en el que afloran dos islas y numerosos islotes de arena, situado al nordeste de Hawai. Yamamoto sabía que los norteamericanos echarían toda la carne en el asador en la defensa de esas islas; si caían en poder nipón, Hawai quedaría al alcance de sus bases aéreas y su invasión sería cuestión de semanas. Con los japoneses instalados en Hawai, la costa oeste norteamericana quedaría seriamente amenazada. Por tanto, Washington era consciente de que conservar las Midway era vital.

Los japoneses sabían que allí serían enviados los tres portaaviones del Pacífico con el fin de proteger las islas, por lo que se abría la ansiada oportunidad para destruirlos. Pero para eso era necesario poner en juego a los cuatro portaaviones operativos con que contaba Yamamoto. Aunque la correlación de fuerzas era favorable a la Armada Imperial, no había duda que se trataba de una apuesta a todo o nada. Quien venciese en Midway se convertiría en el dueño y señor del Pacífico, y el que saliese derrotado en el duelo vería frustradas casi todas sus posibilidades de alcanzar la victoria en la contienda.

Con lo que no contaban los nipones era que los norteamericanos eran capaces de descifrar sus códigos. Así, el movimiento de la flota atacante fue detectado, pero no se sabía hacia dónde se dirigía. Para averiguarlo, los servicios de inteligencia estadounidenses urdirían una astuta celada que resultaría absolutamente decisiva para el resultado del choque y, quien sabe hasta qué punto, para la suerte final de la guerra.

Los hombres que diseñaron esa añagaza, pertenecientes al servicio de inteligencia de la Marina, trabajaban en el sótano de un astillero de la Marina en Hawai, la Estación Hypo, con una tecnología muy inferior a la que entonces estaban empleando sus colegas británicos en Bletchley Park, que les había permitido romper el código de la máquina alemana Enigma. Al frente del equipo de desciframiento, formado por cinco personas, se hallaba el criptoanalista Joseph Rochefort (interpretado en la película de manera convincente por el actor Brennan Brown). Tal como queda reflejado en el film, Rochefort vivía literalmente en aquel sótano al que llamaban “La Mazmorra”, en donde tenía instalada su cama, y realizaba su trabajo en bata y zapatillas.

El enlace con el exterior era el oficial de inteligencia Edwin T. Layton (interpretado por Patrick Wilson), quien tenía una gran amistad con Rochefort, y era considerado el sexto miembro del equipo. Su función era presentar el resultado de esas averiguaciones a las altas esferas. Entre esas conclusiones figuraba la que señalaba Midway como el más que probable punto de destino de los barcos nipones, pero tan sólo contaban con indicios, por lo que Washington exigía obtener la certeza absoluta de que ese era el objetivo antes de arriesgarse a enviar allí el grueso de su flota.

Los norteamericanos sabían que el punto de reunión de la flota enemiga era un objetivo al que los japoneses se referían con la clave AF. A partir de ese dato, uno de los hombres de Rochefort, Wilfred Jasper Holmes, tuvo la genial ocurrencia que desde Midway se emitiera un mensaje sin cifrar comunicando que una explosión había inutilizado el sistema de desalinización de agua durante dos semanas, y aguardar una reacción nipona. Rochefort propuso el plan a Layton y éste lo trasladó al comandante en jefe de la flota del Pacífico, Chester Nimitz (interpretado por Woody Harrelson), quien le dio luz verde. Así se hizo y, poco después, se descodificó un mensaje japonés en el que se decía que en AF había problemas con el agua y que era necesario enviar allí un equipo de desalinización para garantizar el suministro de agua tras la proyectada invasión. Aquel prosaico mensaje, fruto de la argucia pergeñada por Rochefort y Holmes, era la confirmación de que el objetivo, en efecto, era Midway.

Gracias a esa decisiva revelación, Nimitz pudo preparar la trampa en la que caerían los japoneses el 4 de junio de 1942. Envió allí sus tres portaaviones para interceptar a la flota nipona, que sufriría la pérdida de sus cuatro portaaviones. Aunque finalmente los norteamericanos perderían uno de sus portaaviones, el Yorktown, que había sido reparado a toda prisa para poder ser lanzado a la batalla, el daño causado a los japoneses sería irreparable. A partir de entonces, la supremacía naval en el Pacífico correspondería a Estados Unidos, gracias a una operación en la que los servicios de inteligencia realizaron, probablemente, la aportación más decisiva de todo el conflicto.

Jesús Hernández.