Nuestras novelas preferidas

Martin Roberts. Mis diez novelas favoritas

Martin Roberts

EL AGENTE SECRETO. Joseph Conrad

Conrad es uno de mis autores preferidos, punto, un hombre que escribía de maravilla, había visto mundo y, además, rezuma empatía con sus personajes. En esta novela hurga en un auténtico submundo de antiheroes que presagia la obra de Le Carré.

ON HER MAJESTIC´S SECRET SERVICE. an Fleming

Para muchos lectores y aficionados actuales Fleming resulta ya anacrónico, vulgar o una caricatura, pero es icónico y diría que más que una caricatura, deja volar a su pluma para entretener y ojo, se despega desde una cruenta realidad que él mismo conocía bien como exespía, o sea que el gobierno tiene el monopolio sobre el uso legítimo de la violencia. Todo vale, al servicio de su majestad. Nótese, el título es un juego de palabras, porque en Reino Unido toda comunicación oficial reza “On Her Majesty’s Service”.

EL GRAN JUEGO. Rudyar Kiplig

Incluyo esta novela más que nada porque acuñó la frase muy acertada y perenne, “El Gran Juego”. Hoy Kipling se desdeña por imperialista y hasta de supremacista – que también — pero escribe de maravilla, sin duda conocía bien y amaba la India que usa como ambientación y sin duda ha sido fundamental en poner las bases de la novela de espionaje.

EL HONORABLE COLEGIAL. John Le Carré

Se podrían incluir muchas novelas de Le Carré en una lista como esta, empezando por El Espía que Surgió del Frío, en donde los espías son la antítesis de James Bond. En esta novela Le Carré se revela, más que nunca, como conservador romántico, o sea, añora el Imperio Británico y lamenta la decadencia del país, pero echa la culpa al mismísimo Establishment y quiere expiar esa culpa. Además, reflexiona como EE.UU. tambiém ha entrado en decadencia con la caída de Saigón

FUNERAL EN BERLÍN. Len Deighton

Novela que destaca por su trama clásica de Guerra Fría en primera línea en Berlín, donde, además de agentes de MI6, la CIA, Deuxième Bureau y KGB, aún pululan exnazis al servicio del mayor postor. Muy interesante también Harry Palmer, un protagonista que, a diferencia de Bond o Smiley, es de clase obrera, un sargento estraperlista pillado con las manos en la masa y, por tanto, un espía perfecto a su manera, sobre todo para hacer los trabajos sucios.

THE RIDDLE OF THE SANDS (El Enigma de las Arenas), Erskine Childers


Novela infravarolada, aún en su país de orígen (Reino Unido). Comparable con Los 39 Escalones por estar ambientado en los años anteriores a la Primera Guerra Mundial, es sin embargo bastante más compleja y creíble, además de entretenida. Va de dos jóvenes de vacaciones en un velero cerca de la costa de Alemania que se ven enfrascados en una trama de espionaje. Nótese, el autor conocía el percal; era irlandés y tras publicar la novela, usó un velero para suministrar armas al IRA, por lo que fue fusilado en 1922.

EL COMPLOT MONGOL, Rafael Bernal


A menudo se olvida que durante la Guerra Fría, México también era un hervidero de espías por su idiosincrática neutralidad. Cuenta con un prota memorable, Filiberto García, que se curtió en la Revolución Mexicana y se define como “una pinche fábrica de muertos” con tal de “ver que qué cuero se sacan más correas”.

LA CABEZA DE LA HIDRA, Carlos Fuentes


Novelista mexicano contemporáneo de referencia, Fuentes incursiona aquí en el espionaje, con el añadido de las intrigas que supone el tan codiciado petróleo.

EL AMERICANO IMPASIBLE, Graham Greene


Novela presciente de cómo los americanos pretendían destruir a un pobre país asiático “por su propio bien”, desde la perspectiva de un clásico personaje de este autor, católico converso, o sea un viejo verde, cínico y alcohólico, que sin embargo encuentra la forma de expiar sus culpas.

JOSEPH, Julian Rathbone


Joseph es un espía perfecto por ser un pillo ante la ley, inspirado sin duda en el Lazarillo de Tormes. Empieza sus andanzas durante la Guerra de la Independencia, donde entra al servicio de Wellington, de forma ambigua, naturalmente.



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